Este 28 de diciembre, la Iglesia celebra la festividad que invita a las familias cristianas a mirar a Nazaret como ejemplo de comunión, oración y entrega
El próximo domingo 28 de diciembre, coincidiendo con la fiesta de los Santos Inocentes, la Iglesia universal celebra la Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Una solemnidad que, este año, se traslada al último domingo del año al no haber caído Navidad en domingo, y que propone a la familia de Nazaret como “reflejo de la Trinidad” y “modelo perfecto” para todo hogar cristiano.
“El Redentor del mundo eligió a la familia como lugar para su nacimiento y crecimiento, santificando así esta institución fundamental de toda sociedad”, recordaba san Juan Pablo II en su mensaje del Ángelus del 30 de diciembre de 2001.
La familia, escuela del amor y iglesia doméstica
La doctrina católica define la familia como una comunión íntima de vida y amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, abierta a la vida y al compromiso definitivo. En este sentido, la Sagrada Familia se presenta como el “verdadero modelo de vida” al que deben acudir todas las familias del mundo para aprender a vivir “el amor y el sacrificio”.
Los expertos eclesiales insisten en que el hogar cristiano es el lugar providencial donde se forma la persona humana y el creyente. Allí se crece “en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres”, tal como narra el Evangelio sobre el Niño Jesús.
San Juan Pablo II subrayaba especialmente la importancia de la oración familiar, recomendando el rezo del Rosario y recordando la conocida máxima: “La familia que reza unida, permanece unida”.
Fuente de vocaciones sacerdotales y consagradas
La Sagrada Familia no solo es modelo de amor conyugal y filial, sino también cuna privilegiada de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. “La identidad de Cristo y de su misión han cobrado forma en la historia y en el mundo en el seno de la Sagrada Familia”, destacan los documentos eclesiales.
La inmensa mayoría de las vocaciones surge en hogares donde se viven los valores de Nazaret: fe practicada, oración compartida y generosidad ante la llamada del Señor. Por ello, el papel de los padres resulta insustituible en la formación de la conciencia y en el acompañamiento al discernimiento vocacional.
La Conferencia Episcopal Española (2022) ha recordado que “cualquier intromisión” en este ámbito “debe ser denunciada porque vulnera el derecho que tienen los padres de transmitir a sus hijos una educación conforme a sus valores y creencias”.
En su exhortación apostólica Christus vivit (2019), el papa Francisco ofrecia diez pautas para que las familias faciliten el proceso de discernimiento vocacional de sus hijos. Entre ellas destacan:
Ser el ámbito donde uno es amado “por sí mismo” y no por lo que produce.
Educar en la fe viva, la oración conjunta y la participación sacramental.
Formar en virtudes como la fortaleza para “ir contracorriente”.
Acompañar sin imponer decisiones, recordando que los padres son “administradores” del don de los hijos.
Inculcar la vida como misión y ofrenda.
Abrir el hogar a la caridad hacia los mayores, los necesitados y las familias en dificultad.
Francisco lamentaba que algunas familias cristianas se opongan a la vocación sacerdotal o religiosa de sus hijos, priorizando el éxito profesional, y anima a vivir el matrimonio “como una misión, con felicidad y paciencia, a pesar de las dificultades”.
Un camino exigente pero fascinante
Vivir el Evangelio en la familia no exime de tensiones ni fragilidades, reconocen los pastores. Sin embargo, siguiendo el ejemplo de Jesús, María y José, y con la guía del Espíritu Santo, todo hogar puede convertirse en escuela de oración, fe vivida y promoción de vocaciones.
Monseñor Javier Echevarría, en una homilía en el santuario de Torreciudad, afirmaba que es precisamente en el hogar familiar “donde se forjan las diversas vocaciones en la Iglesia”, deseando que sean “verdaderamente cristianas” y que consideren “una gran bendición divina” la llamada de algunos hijos al sacerdocio.
En esta Fiesta de la Sagrada Familia, la Iglesia renueva su invitación a acoger, vivir y proclamar “la verdad y la belleza de la familia según el plan de Dios”.


