Por primera vez desde 2022, la ciudad cisjordana celebra públicamente la llegada del Adviento en medio de una tregua frágil pero sostenida
Miles de palestinos, cristianos y musulmanes, llenaron este sábado la Plaza del Pesebre de Belén para el tradicional encendido del gran árbol de Navidad, un acto que no se celebraba con normalidad desde diciembre de 2022. Fue la primera gran fiesta pública navideña en la ciudad donde, según la tradición cristiana, nació Jesús, después de dos años consecutivos en que las celebraciones fueron canceladas o reducidas al mínimo por la guerra en Gaza.
«Esta noche hemos sentido que la esperanza ha vuelto a Belén», declaró Issa Thaljieh, comerciante cristiano de 48 años, mientras contemplaba las luces junto a su familia y vecinos musulmanes. «Somos hermanos en el dolor y ahora también en la alegría».
Un regreso emotivo tras el duelo colectivo
En diciembre de 2023, cuando la ofensiva israelí en Gaza había dejado ya más de 22.000 muertos palestinos, las autoridades municipales y los patriarcas cristianos de Tierra Santa decidieron suspender todas las celebraciones públicas. El árbol se encendió de forma simbólica y sin público; las calles permanecieron sin luces ni adornos.
Un año después, en 2024, la cifra de víctimas superaba ya las 45.000 personas y la decisión fue la misma: Navidad en silencio. Muchas familias de Belén, que tienen parientes en Gaza, recibían casi a diario noticias de nuevos fallecidos.
En 2025, pese a que el número total de muertos palestinos supera ya los 70.000 según el Ministerio de Sanidad gazatí, la tregua alcanzada en octubre —impulsada por la presión de Estados Unidos tras la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca— ha permitido que la ciudad recupere parte de su tradición más emblemática.
Cristianos y musulmanes, juntos bajo el mismo árbol
«Aquí no preguntamos si eres cristiano o musulmán; todos somos palestinos y todos sufrimos igual», explicó Noor al-Araj, joven musulmana de 24 años que asistió al encendido con sus primos cristianos. «Esta noche hemos cantado villancicos y hemos rezado por la paz».
La Plaza del Pesebre, frente a la Basílica de la Natividad (Patrimonio de la Humanidad), se llenó hasta rebosar. Las autoridades organizaron dos turnos para que pudiera asistir el mayor número posible de personas. Scouts cristianos con sus uniformes y pañuelos palestinos, niños con gorros de Papá Noel y familias enteras compartieron cánticos, fuegos artificiales y el momento culminante: el encendido del árbol de 18 metros adornado con banderas palestinas y luces blancas y doradas.
La guerra no ha terminado, pero la tregua aguanta
Aunque la guerra no ha finalizado —este mismo fin de semana se han registrado explosiones en Gaza y un ataque dañó seriamente la única parroquia católica que quedaba en pie, la Sagrada Familia—, la ausencia de grandes bombardeos desde octubre ha sido suficiente para que Belén decida volver a celebrar.
El alcalde, Anton Salman, visiblemente emocionado, declaró ante la multitud: «Hoy encendemos luces porque creemos que la oscuridad no puede vencer. Esta Navidad es para todos los que ya no están y para los que seguimos aquí luchando por vivir».
Los cristianos palestinos representan apenas el 1 % de la población de Cisjordania y menos del 0,5 % en Gaza, pero su presencia en Belén —donde aún son cerca del 15 %— sigue siendo el símbolo vivo de que la Navidad nació en tierra palestina. Este año, como en los peores momentos, musulmanes y cristianos han vuelto a demostrar que, al menos en Belén, la fraternidad resiste incluso cuando todo lo demás parece derrumbarse.
La esperanza, por primera vez en tres diciembres, ha vuelto a encenderse en la ciudad de la Estrella.


