El 1 de enero marca no solo el inicio del año civil, sino una verdad central del cristianismo: Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen María, con implicaciones profundas para la paz y la dignidad humana
La Iglesia católica conmemora la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, una fiesta que va más allá de la devoción mariana para afirmar el núcleo de la fe cristiana: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Celebrada ocho días después de la Navidad, esta solemnidad invita a los fieles a comenzar el año bajo la perspectiva teológica de la Encarnación.
La celebración tiene raíces en los primeros siglos del cristianismo y surge de una disputa doctrinal clave. En el siglo V, el patriarca Nestorio rechazó el título de Theotokos (Madre de Dios) para María, prefiriendo Christotokos (Madre de Cristo), lo que implicaba separar las naturalezas divina y humana de Jesús.
El Concilio de Éfeso (431) resolvió la controversia declarando que María es verdaderamente Madre de Dios, ya que el Hijo nacido de ella es una sola Persona divina que asume la naturaleza humana. Esta definición protegió el misterio de la Encarnación y se convirtió en pilar de la doctrina católica.
Expertos teólogos destacan que esta solemnidad es primordialmente cristológica. «María no es un añadido devocional, sino el lugar concreto donde Dios entra en la historia«, explican fuentes eclesiales. Su maternidad divina afirma que Dios asumió un cuerpo real, una genealogía y un tiempo, dependiendo de una mujer para crecer y ser cuidado.
Esto tiene consecuencias antropológicas: la carne, la historia y la maternidad son espacios sagrados. El Evangelio del día presenta a María «guardando estas cosas y meditándolas en su corazón«, como modelo de fe pensada y firme ante la incertidumbre.
Una fiesta para el inicio del año y la Jornada Mundial de la Paz
La fecha del 1 de enero no es casual: sigue la tradición bíblica de la octava de Navidad y propone comenzar el tiempo civil desde la clave de la Encarnación. Desde 1968, coincide con la Jornada Mundial de la Paz, recordando que la dignidad inviolable de toda vida humana deriva de que Dios se hizo hombre.
En un mundo marcado por conflictos, crisis y aceleración, esta celebración propone una paz basada en la reconciliación y el cuidado de los vulnerables, no solo en ausencia de guerra.
Relevancia actual: modelo de fe y formación cristiana
Para los católicos de 2026, María es ejemplo de fe adulta que integra razón, libertad y obediencia. San Josemaría Escrivá la describía como «escuela de vida cristiana concreta«, donde se aprende a acoger la voluntad de Dios en lo cotidiano.
Instituciones como la Fundación CARF destacan la importancia de formar sacerdotes en esta teología sólida, enraizada en la maternidad divina de María, para una Iglesia capaz de dialogar con el mundo contemporáneo.
En resumen, esta solemnidad orienta todo el año: Dios no es abstracto, sino que quiso tener madre. Celebrarla significa reafirmar que la historia permanece abierta al sentido divino, incluso en medio de las sombras.


