Rituales de año nuevo
En la Antigua Roma, saludos como «ave» o «salve» eran deseos activos de bienestar, ligados al dios Jano y a prácticas que perduran en expresiones modernas
Mientras millones de personas intercambian felicitaciones por el Año Nuevo, una tradición milenaria remonta sus raíces al mundo romano, donde los buenos deseos no eran meras cortesías, sino actos rituales cargados de simbolismo y eficacia mágica.
El profesor emérito de la Universidad de Barcelona, Marc Mayer Olivé, especialista en filología latina y epigrafía, explica que el 1 de enero como inicio del año civil surgió con la reforma juliana impulsada por Julio César. Antes de ella, el calendario romano sufría manipulaciones políticas constantes: «Con amigos, el año duraba un poco más; con enemigos, mucho menos«, señala el experto. La reforma «despolitizó» el tiempo, otorgándole estabilidad y coherencia.
El día inaugural caía bajo la protección de Jano, el dios bifronte que mira simultáneamente al pasado y al futuro. «Es el momento en que se puede mirar hacia atrás y hacia adelante«, resume Mayer. Este umbral se celebraba principalmente con palabras auspiciosas.

Saludos como «ave» (de donde deriva el «Ave María») significaban literalmente «que estés bien«, un deseo activo de salud y prosperidad. «Vale«, usado al despedirse, equivalía a «que tengas buena salud«, y «salve» reforzaba el mismo concepto. Incluso en epitafios funerarios, estos términos invitaban a los viandantes a pronunciar el nombre del difunto, reactivándolo simbólicamente.
El deseo supremo era la pax (paz), calificada por Cicerón como «dulce» y por Silio Itálico como «lo más bello de todo«. En época imperial, se asociaba al emperador como garante de justicia y estabilidad.
Otros augurios comunes invocaban fortuna y felicidad: fórmulas como «quod bonum felix faustum sit» («que sea bueno, feliz y propicio») o «annum novum faustum felicem» aparecían grabadas en objetos cotidianos, especialmente en lámparas de aceite, que llevaban imágenes de la diosa Fortuna.
Los rituales de Año Nuevo se vinculaban a las Saturnales, fiesta de inversión social y abundancia. Se intercambiaban strenae (de donde viene «estrene» o regalo de Año Nuevo): obsequios modestos como verduras, plumas para escribir o incluso libros, reservados para élites cultas. «Se podían regalar dos coles«, ilustra Mayer con humor.
Como cita el poeta Tibulo: «Digamos buenas palabras, viene el Natalis a los altares«. Para los romanos, pronunciar deseos positivos no era retórica vacía, sino un acto capaz de generar el bien deseado.
Esta herencia lingüística y ritual pervive en expresiones como «ad maiora» o «ad multos annos«, recordándonos que, hace dos milenios, el cambio de año ya se sellaba con paz, fortuna y palabras de esperanza.


