La Fundación DeClausura ha puesto en marcha por segundo año consecutivo una campaña solidaria para ayudar a 80 conventos y monasterios españoles a afrontar los elevados gastos de calefacción durante el invierno y combatir el frio
Los monasterios y conventos, en su mayoría edificios históricos con amplios espacios, techos altos, muros de piedra y ventanas antiguas de un solo cristal, resultan extremadamente difíciles de calentar. Muchas comunidades siguen dependiendo de estufas de leña o sistemas ineficientes, lo que dispara los costes energéticos en los meses más fríos.
A esta realidad se suma que las comunidades monásticas no pueden acogerse al mercado regulado de luz y gas, reservado para hogares y pequeñas empresas con baja potencia contratada. Los gastos de calefacción se unen así a otros costes fijos inevitables: mantenimiento del edificio, alimentación y cotizaciones a la Seguridad Social.
El frío que afecta a la salud y congela estos edificios
La exposición prolongada a bajas temperaturas tiene consecuencias directas en la salud de monjes y monjas, muchas de ellas de edad avanzada. Enfermedades respiratorias, artritis, problemas óseos y catarros son habituales en estos entornos. Algunas religiosas lo describen sin rodeos: «El convento es como una nevera».
Ante esta situación, las comunidades suelen optar por encender la calefacción el mínimo tiempo posible, priorizando el ahorro sobre el confort.
Objetivo: aliviar los meses más duros
La campaña de la Fundación DeClausura busca recaudar donativos para sufragar parte de estos gastos extraordinarios. Aunque no pretende eliminar por completo el frío –algo prácticamente imposible en muchos de estos edificios antiguos–, sí aspira a «abrigar» los meses más rigurosos del año.
En la edición anterior, la iniciativa logró ayudar a 64 comunidades contemplativas y recaudó 68.500 euros, demostrando la solidaridad de los donantes con la vida monástica.
La fundación invita a particulares y empresas a colaborar a través de su página web y canales habituales, recordando que cualquier aportación, por pequeña que sea, contribuye a mejorar las condiciones de vida de quienes dedican su existencia a la oración y el servicio.


