Con motivo de la festividad de San Antonio Abad, repasamos cómo los últimos Pontífices han utilizado la figura de los animales para explicar la relación entre Dios, el hombre y la creación
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La Iglesia conmemora hoy a San Antonio Abad, protector de los animales. Una fecha que trasciende la tradicional bendición de establos y mascotas para invitarnos a una reflexión más profunda: el papel de los seres vivos en la historia de la Salvación. Desde la paloma de Noé hasta el humilde burro del Domingo de Ramos, los animales han poblado el lenguaje de los Papas para ilustrar la fe, la humildad y la ecología integral.
La Alianza: Más allá de lo humano
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La relación de los animales con lo divino no es accesoria. El Papa Juan Pablo II, en 1988, recordaba que el Arca de Noé no fue solo un refugio físico, sino el símbolo de una «alianza con todo ser viviente«. Según el Pontífice polaco, el Libro del Génesis deja claro que la protección de Dios se extiende a las aves, ganados y fieras, estableciendo un vínculo sagrado que el ser humano tiene la responsabilidad de custodiar.
Más recientemente, el Papa León XIV (en su audiencia general del pasado diciembre) puso el foco en la diferencia ontológica entre especies. «Los animales sufren y perciben la cercanía de la muerte, pero desconocen que es su destino», señalaba el Papa. Para el actual Pontífice, esta diferencia subraya la naturaleza «paradójica» del hombre: el único ser que pregunta por el sentido de la vida mientras observa la inocencia de las demás criaturas que simplemente existen bajo el cuidado del Creador.
Cordero y Lobo: Las metáforas del discipulado
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El lenguaje de la fauna ha servido también para definir la misión cristiana. El Papa Francisco fue tajante al pedir a los fieles que sean «ovejas en medio de lobos«.
«Si no quieren ser ovejas, el Señor no los defenderá de los lobos. Pero si son ovejas, tengan la seguridad de que el Pastor los protegerá«, explicaba Francisco en 2023.
Esta invitación a la mansedumbre conecta directamente con la visión de Pablo VI, quien en 1970 comparó el misterio del sufrimiento inocente —especialmente el de los niños— con la figura del Cordero de Dios, aquel que se deja llevar al matadero sin proferir blasfemia, transformando la debilidad en una fuerza redentora.
Símbolos de victoria y paz
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El bestiario bíblico también tiene sus antagonistas y héroes. El Papa Pío XII recordaba en 1953 el triunfo de María sobre la serpiente, símbolo del pecado, mientras que Benedicto XVI rescató la figura de la paloma con la rama de olivo. Para el Papa alemán, este animal no es solo un ícono de la paz civil, sino el anuncio de una «nueva paz de Dios con el mundo«, una esperanza que los primeros cristianos grababan en sus tumbas para simbolizar la victoria sobre la muerte.

