San Vicente de Chantelle: El monasterio francés donde la fe se funde con el cuidado personal
Con más de mil años de historia, esta abadía benedictina en la región del Borbonés sobrevive hoy gracias a un floreciente laboratorio de cosmética artesanal impulsado por el Papa Pío XII

En lo alto de una colina rocosa a 323 metros de altitud, donde las vistas del Allier parecen detener el tiempo, se erige la Abadía de San Vicente de Chantelle. Lo que nació en el siglo V como un bastión estratégico y una iglesia dedicada al mártir español San Vicente de Zaragoza, es hoy un ejemplo inusual de cómo la vida contemplativa puede adaptarse a las exigencias del mercado moderno sin perder su esencia espiritual.
Un milenio entre reyes y revoluciones
La historia del recinto es una cronología de la supervivencia francesa. Fundada oficialmente como abadía benedictina en el año 937 por San Odón de Cluny, el lugar ha pasado por todas las manos imaginables:
Siglo VIII: Propiedad de Pipino el Breve.
Siglo XVI: Residencia de Ana de Beaujeu, regente de Francia.
Siglo XVII: Salvada de la demolición ordenada por el Cardenal Richelieu, quien veía en sus muros un potencial escondite para enemigos de la corona.
Tras ser clausurada y vendida como bien nacional durante la Revolución Francesa, la vida monástica pareció extinguirse para siempre. No fue sino hasta 1853 cuando un grupo de monjas benedictinas de Pradines recuperó el enclave, devolviéndole su propósito original.
El «milagro» económico de Pío XII
La verdadera transformación económica de la comunidad llegó en la década de 1950. Ante la necesidad de autosuficiencia, el Papa Pío XII instó a los monasterios femeninos a desarrollar actividades artesanales rentables.
Las hermanas de Chantelle tomaron el reto con rigor científico. En 1954 lanzaron sus primeros productos: una leche limpiadora y una colonia. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa es hoy un laboratorio consolidado que desde 1964 fabrica jabones, geles y cremas de alta calidad, empleando a una decena de laicos bajo la estricta supervisión de las religiosas.
Oración, trabajo y acogida
Actualmente, la comunidad está integrada por unas diez monjas que siguen la Regla de San Benito. Su jornada se divide entre los siete oficios diarios de oración y el trabajo manual en el envasado de cosméticos.
Además de su faceta comercial, la abadía sigue siendo un punto clave para los caminantes. Al situarse cerca de una antigua calzada romana, las hermanas mantienen la tradición de acoger a los peregrinos del Camino de Santiago y a quienes buscan un retiro espiritual en su hospedería.
Dato de interés: Los productos de la abadía pueden adquirirse directamente en su sede en el número 14 de la Rue Anne de Beaujeu, o mediante plataformas digitales especializadas como Divine Box.


