En una Italia donde la Navidad aún resuena con ecos de tradición y devoción, hay un canto que une generaciones: “Tu scendi dalle stelle” (“Tú bajas de las estrellas”). Considerado el villancico navideño más querido del país, su historia se remonta al siglo XVIII y está íntimamente ligada a san Alfonso María de Ligorio, obispo, doctor de la Iglesia y fundador de los redentoristas
Según la tradición más aceptada, san Alfonso compuso la melodía y la letra original en 1754, durante una misión pastoral en Nola, cerca de Nápoles, cuando ya era obispo. Su propósito no era artístico, sino evangelizador: transmitir de forma sencilla y conmovedora el misterio de la Encarnación a un pueblo mayoritariamente analfabeto.
La versión primigenia se escribió en dialecto napolitano con el título “Quanno nascette Ninno” (“Cuando nació el Niño”), una composición en estilo pastorale que evoca la música de los pastores y zampognari (gaiteros). Sus versos describen con ternura cómo el Hijo de Dios desciende del cielo a la pobreza de un pesebre, aceptando el frío y la fragilidad humana por amor a la humanidad.
Posteriormente, el mismo san Alfonso adaptó el texto al italiano estándar, dando origen a la versión hoy universal: “Tu scendi dalle stelle, o Re del cielo, / e vieni in una grotta, al freddo e al gelo”. Esta adaptación se publicó en 1755 en Nápoles bajo el nombre Canzoncina a Gesù Bambino y se extendió rápidamente por toda Italia gracias a su melodía emotiva y fácil de memorizar.
El villancico se convirtió en un elemento inseparable de las celebraciones navideñas italianas: se canta en hogares, iglesias y plazas, interpretado por niños y adultos. Su texto refleja una profunda doctrina católica sobre la Encarnación: Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, elige la humildad extrema para redimir al mundo. Durante siglos ha funcionado como una auténtica catequesis cantada.
A diferencia de muchas canciones navideñas modernas, “Tu scendi dalle stelle” conserva intacto su carácter sagrado. En tiempos de secularización y comercialización de la Navidad, permanece como un testimonio vivo de una fe expresada con belleza, profundidad y sencillez, recordando que el verdadero centro de estas fiestas es Jesucristo, Dios hecho Niño para la salvación del mundo.


